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domingo, 5 de octubre de 2014

Tomografía eléctrica detectará cavidades en pirámide de Kukulkán

 Investigadores del Instituto de Geofísica de la UNAM
viajarán el próximo 8 octubre a la Zona Arqueológica de Chichén Itzá
(Península de Yucatán), a fin de llevar a cabo una tomografía eléctrica
tridimensional a la Pirámide de Kukulkán, que buscará cavidades o
túneles en el subsuelo.
En exclusiva para Notimex, René Chávez
Segura, investigador titular “C” del citado instituto y coordinador del
proyecto, comentó que se trata de una tecnología que sólo se utiliza en
México e Italia, ésta última nación, en templos de la época Medieval.


El proyecto, explicó, permitirá determinar la existencia o no de estos
túneles o cavidades en esa edificación prehispánica, icono de la cultura
Maya, para lo cual se llevará a cabo un proceso de medición sobre el
terreno empleando varios métodos de prospección geofísica. En
particular, el estudio de tomografía eléctrica.

“Tuve la
oportunidad de participar en un estudio geofísico en la Zona
Arqueológica de Chichén Itzá, en 1998, con un grupo de científicos
norteamericanos y los resultados que dio en aquel entonces, fue la
evidencia de un posible túnel o cámara debajo de la pirámide.


“Con el tiempo integramos un grupo dentro del Instituto de Geofísica y
hemos estado trabajado en zonas arqueológicas y urbanas de la Ciudad de
México y desarrollamos una tecnología tridimensional, utilizando el
método de tomografía eléctrica”, dijo.

De acuerdo con el experto,
el método consiste en enviar corriente al subsuelo con una serie de
electrodos; por un lado se mide la diferencia de potencial y, por el
otro, un par de electrodos miden el voltaje y eso nos da la resistencia
del subsuelo. La resistividad es la que nos da las características de
subsuelo.

Explicó que durante 10 días, el equipo conformado por
los geofísicos Andrés Tejero, Denis Argote, Esteban Hernández, Gerardo
Sifuentes y el propio Chávez, rodearán la base de la pirámide que son
288 metros de perímetro con 96 placas de cobre cuadradas, las cuales
estarán conectadas a un “Resistivimetro” (especie de computadora), el
cual recibirá toda la información y determinará qué placas son de
corriente y cuáles de potencial.

El equipo, dijo, a través de
cables inteligentes informará cuál es corriente, cuál potencial,
midiendo simultáneamente la “resistividad”.

Chávez Segura recordó
que esta tecnología 100 por ciento UNAM, creada por Andrés Tejero, ya
se había empleado en dos ocasiones: en la Zona Arqueológica del Pañu en
Hidalgo y en la Catedral de Morelia.

En el primer caso, mencionó,
una parte de la pirámide se estaba deslavando, presentando problemas de
fracturas y a través de este estudio, “nos dimos cuenta de qué parte de
la pirámide está sobre una zona poco consolidada”.

Mientras que
en el 2009, en la Catedral de Morelia, “obtuvimos la evidencia de que
debajo de ese templo existen túneles construidos durante los siglos XVI y
XVII”.

“Esta tecnología la hemos aplicado para definir áreas de
riesgo, la idea fundamental fue describir por qué en algunas zonas de la
ciudad de México, algunos edificios presentan fracturas, inclinaciones,
etcétera y hemos tenido éxito.

Explicó que a diferencia del
georadar terrestre, que emplea ondas electromagnéticas -una corriente
alterna-; mientras que la tomografía tridimensional es corriente directa
y se mide solamente la resistividad del terreno.

“Se trata de un
método que no es invasivo, no perturba o destruye el entorno de un
sitio arqueológico tan distintivo como Chichén Itzá”, dijo Chávez
Segura, quien agregó que “los resultados estarán en dos meses,
posiblemente en enero tengamos algo preliminar y para febrero el
restante”.

Detalló que al término de los estudios se
interpretarán los resultados y serán presentados en un informe a la
UNAM, mientras que esa casa de estudios hará lo propio con el Instituto
Nacional de Antropología e Historia (INAH), que a su vez tomará cartas
en el asunto.



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